#MomentosFarmaceuticosChascomus
En breve, el 6 de agosto, se cumplirán 167 años de la apertura de la primera farmacia de la provincia de Buenos Aires, la cual funcionó entre 1852 y 1910 en Chascomús, más precisamente en Crámer 106, en el edificio conocido como «La Botica».
Se trata de Farmacia Arenaza, la botica de Don Fernando de Arenaza, un inmigrante vasco que llegó en principio a la Ciudad de Buenos Aires y finalmente a Chascomús, donde estableció el primer antecedente de las 4.500 farmacias que actualmente tiene la provincia.
Tras estudiar en Portugaleta y graduarse en Argentina, en el Tribunal de Medicina de Buenos Aires, según la revista La Baskonia, de Arenaza se instaló en Chascomús con su farmacia, para lo cual construyó el edificio, y fue testigo de los cambios de la medicina.
No obstante, en sus comienzos, como el resto de las boticas, quien fuera cónsul de España en Chascomús durante 22 años se dedicó a la elaboración de los medicamentos, pero también a la vida social, ya que “las boticas eran lugares de reunión, de tertulias tradicionales, donde el médico, el sacerdote, el político, el artista se unían en interminables charlas, muchas de las cuales dieron origen a sociedades científicas y literarias”.
Las curiosidades de la primera farmacia de la provincia no terminan ahí, ya que de acuerdo al arquitecto Josi Redruello, restaurador del lugar, el boticario vasco que supiera ser mediador junto a Don Julián Quintana en la Revolución de 1893, era masón.
“En la fachada encontramos un montón de imágenes que así lo indican. Tenés el águila, víbora, el triángulo, el martillo, las escuadras, y una imagen que es un tipo muy severo, con cuernitos, que no era un demonio, sino que se relacionaba con la virilidad”, aseguró Redruello.
En definitiva, de esta manera, dos siglos atrás y en Chascomús, las farmacias bonaerenses comenzaron un camino que hoy las encuentra siendo un servicio público dentro del sistema de salud.




