Farmacia Belgrano, un sueño cumplido

Hace cerca de 15 años, en agosto de 2004 precisamente, Luis Ferrari cumplía su sueño, el de todo farmacéutico: tener su propia farmacia.

Con tres hijos chicos (Thomas de 8 años, Teo de 6 y Lara de 4 – actualmente estudiando la misma carrera en la UBA-), Luis dejó su trabajo estable y con su entonces esposa, la farmacéutica Carina Ferrino, se endeudaron para comprar Farmacia Belgrano al profesional Norberto Ingratta, que supo abrirla en febrero de 2001.

“Yo venía de trabajar durante 10 años en la Farmacia La Cuenca de Castelli. Y cuando tuvimos la oportunidad de comprar, no lo dudamos, aunque obviamente tuvimos nuestros miedos al tener tres hijos chicos”, recordó el hoy presidente de la filial Chascomús del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires.

“Tomamos el préstamo de CAFAR, como todos, y de familiares para poder comprar y cumplir el sueño de todo farmacéutico. Fue todo a pulmón, pero en una época relativamente buena, al punto que pudimos devolver lo adeudado en un par de años y, al aumentar los pacientes, tuvimos que alquilar otro local para agrandar”, añadió Ferrari.

Luego, Luis, sobrino de José Otero quien fuera dueño de Farmacia Alfonsín y seguramente lo movilizó a estudiar, señaló que “con el pasar de los años fuimos ganando la confianza de los vecinos del barrio a través del buen trato y del criterio profesional, sabiendo escuchar y recomendando los pasos a seguir, solucionado su problema y derivando al médico cuando corresponde”.

Resaltando su equipo de trabajo de hace años, Daniela Donadío y Sofía Zapata, y la importancia de la presencia del farmacéutico en lo que considera “el primer contacto del paciente con el sistema de salud”, Luis puntualizó que la farmacia, al estar ubicada en uno de los accesos a la ciudad, recibe pacientes foráneos y de pueblos vecinos, como Ranchos, primando la atención de lo importante por sobre lo accesorio.

Respecto de los desafíos de la profesión, Ferrari opinó: “Vamos a tener que aggiornarnos a la biotecnología, al avance de los medicamentos, por lo que tenemos que actualizarnos con más frecuencia. Lamentablemente, el boticario antiguo se va perdiendo, aunque seguimos haciendo algunos preparados, más que nada por la carga administrativa actual”.

Por último, el profesional y propietario de Belgrano evidenció su próximo deseo: “Lara, mi hija más chica, está estudiando farmacia en la UBA desde este año y mi sueño, el día de mañana, es que siga al frente de la farmacia”.