Una científica puntana avaló el poder curativo de dos plantas

María Filomena Garro dio crédito a la sabiduría popular de la gente de San Luis. Ella comprobó científicamente el poder curativo de dos plantas que crecen en la provincia en abundancia. Molle de beber (Lithraea molleoides) se encuentra al costado de las sierras, y yerba meona (Euphorbia serpens) que crece en la ciudad, en jardines y muros. Ambas son diuréticas, pero una de ellas, la molle, posee más beneficios. “Es citoprotectora gástrica, previene y cura úlceras de estómago. También descubrí que mata la bacteria helicobacter pylori que causa gastritis, úlceras, posteriormente erosiones, cáncer y luego la muerte”, contó sobre la milagrosa especie.

Garro es doctora en Farmacia. Trabaja como investigadora y profesora en la Universidad de San Luis (UNSL) en la cátedra de Farmacognosia de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia. Al estudio lo comenzó en el 2008 y lo terminó ocho años después. Con este trabajo ganó una beca del Conicet para continuar su investigación y hacer un postdoctorado. Se declaró apasionada de la Etnobotánica, que es el estudio del uso de las plantas por los seres humanos. “En la cátedra nos dedicamos a rescatar los conocimientos de nuestros ancestros, es información que a veces se pierde, y nosotros queremos hacer un realce de esos saberes populares”, explicó.

“La experiencia de investigar estas dos especies surgió porque se hallan en gran cantidad en San Luis. Además hicimos un estudio etnobotánico en las zonas donde crecen, le preguntamos a las personas qué sabían sobre las plantas, para qué las utilizaban, cómo las preparaban. Sobre la molle, típica de zona serrana, hablé con gente que vive en Potrero de los Funes, en Villa de la Quebrada, allí la utilizan mucho, en Nogolí, y en San Francisco del Monte de Oro que es donde la recolecté. Esta es una planta muy verde y de hojas brillantes”, contó.

A partir de esa investigación surgió iniciar un proceso científico para validar la acción que los lugareños le atribuían a las plantas. Garro dijo que antes de comenzar realizaron un análisis en las revistas científicas para ver si existían publicaciones sobre estas especies. Sólo encontraron una del 2006 y aunque era muy básico, la respetaron e incluyeron dentro del trabajo.

Las propiedades que se le atribuyeron a la molle de beber fueron digestivas, diuréticas y además su fruto funciona como edulcorante: se puede utilizar directamente, por ejemplo en el mate. Pero este es un estudio que está desarrollando aparte.

La científica se focalizó especialmente en las acciones que tiene la planta en el estómago. Así descubrió que ejerce la actividad citoprotectora. “Realicé un estudio del tránsito instestinal, porque trabaja, no sólo desde el estómago, sino hasta el final del intestino, y al consumir una infusión provoca una disminución del tránsito intestinal. También estudié la actividad antidiarreica, no modifica la actividad motora y otra cosa muy importante es que no es tóxica”, explicó.

“Todavía me quedan estudios  pendientes que los haré en mi otro periodo de investigación. Queda observar el efecto curativo en úlceras y cómo trabaja con medicamentos sintéticos, creo que podría llegar a acelerar la curación. Quizás tomando Omeprazol más una infusión de molle, se cure más rápido”, vaticinó.

Garro detalló que se enfocó especialmente en las personas que consumen mucho alcohol: “Las personas alcohólicas se podrían recuperar de las úlceras tomando cierta cantidad de molle, igual para aquellas personas que sufren de altos niveles de estrés. También descubrí que mata la bacteria helicobacter pylori que causa úlceras, gastritis, erosiones, cáncer, y eventualmente la muerte”.

“Sobre la actividad diurética, utilizamos infusiones como lo usa la gente en el campo, lo probamos en animales y observamos que aumenta la excreción volumétrica urinaria, es decir de pis, y la excreción de iones, sodio y potasio, comparable con un diurético del tipo de la Furosemida, es decir que se puede suplantar”, advirtió.

“La yerba meona la colecté en San Luis capital, porque acá está ampliamente distribuida en jardines, muros y en una gran cantidad de zonas. La gente no sabe que tenemos una planta ahí que nos puede favorecer y tiene una actividad diurética significativa. Sólo existe una dificultad y es que en las herboristerías y farmacias el nombre popular de ‘yerba meona’ es atribuido a otras especies vegetales. Esta planta puede empacarse y venderse, su actividad diurética está científicamente validada, además elimina iones y no modifica los parámetros urinarios, o sea la densidad, bilirrubina, o acetonas, no elimina proteínas en exceso, no modifica ninguno de esos parámetros como otros medicamentos sintéticos. Tampoco presenta toxicidad y se puede ingerir en infusión o como un fitomedicamento”, aclaró la investigadora.

Medicina ancestral

“Este trabajo sirve para demostrar que sí se pueden relacionar los conocimientos ancestrales de la etnobotánica, de la medicina popular, con un estudio científico. Que al conocimiento de las personas lo puedo llevar a un laboratorio y científicamente probar que tiene la acción que le atribuyen, y además descubrirle otras funciones, porque dentro de un laboratorio científico uno puede plantear más trabajos para ver más acciones que mejoren la calidad de vida de la gente. A veces lo que la ciencia investiga no lo vuelca a la sociedad. Yo quiero ayudar con esto, asesorar de forma adecuada, para que lo usen todos y sepan que con esto se van a beneficiar”, concluyó